28 de febrero de 2009

En realidad no importa

En realidad no importa lo que pase, porque yo apenas puedo tener un mal día. Apenas puedo llorar, o sufrir, o estar triste. Apenas puedo sentir que me rompen el corazón o que soy infeliz, porque sé que cuando vuelva a casa tú estarás ahí, esperándome. Y sé que sonreirás y me saludarás, y que aunque lleves todo el día sin pensar en mí en ese momento no tendrás nada más en la cabeza.
En realidad no importa qué pase a la luz del sol, que nos peleemos o discutamos, que me pegues o yo te insulte, porque los dos sabemos que por la noche nos contaremos historias bajo las sábanas, compartiendo ese rato que es sólo para los dos.
En realidad no importa quién entra o sale de mi vida (o de la tuya) porque tú siempre estás en la mía (y yo en la tuya), y no necesito a nadie más. Es algo que no puede cambiar, porque no sabríamos respirar si el otro no está.
En realidad no importa cuánto me quieran, porque tú siempre me querrás más que nadie (y yo a ti), y para mí tu sonrisa siempre será la más importante, y tus abrazos los más cálidos, y tus besos los más dulces (y los míos para ti). Eres el único que puede acariciar mi corazón.
En realidad no importa quién intente consolarme: tú llegarás y los superarás a todos, porque sólo con estar ahí ya me haces feliz. No puedo recordar cómo me sentía antes de necesitarte, ni cómo era vivir sin ti.
En realidad no importa quién intente retenerme, porque tú me dejas ir, aunque seas el único capaz de hacerme llorar cada vez que me voy y reír cada vez que vuelvo. Y el único capaz de conseguir que retenga mis lágrimas, porque no soportaría preocuparte.
En realidad no importa lo que yo piense, me gusta que vengas a mí llorando. Aunque sufra por ti, no puedo evitar alegrarme de que me necesites, de que sigas pensando que soy la mejor solución a tus problemas: así no siento que sólo me pasa a mí.
En realidad no importa qué hagas, porque yo siempre estaré ahí para cuidarte y curar tus heridas, incluso esas que nadie más puede ver (y tú las mías). Y después miraremos las cicatrices y nos reiremos, recordando que estuvimos juntos.
En realidad no importa lo que piensen los demás, porque yo sé que tú eres lo más hermoso de mi mundo (eres mi mundo). Sé que eres fuerte, y que puedo apoyarme en ti (y tú sabes que yo lo soy y puedes apoyarte en mí).
En realidad no importa el tiempo, porque lo nuestro no va a cambiar: es algo que siempre ha estado ahí, y que ahí seguirá, ni más fuerte (no puede ser más fuerte) ni más débil, simplemente invariable.
En realidad no importa que no leas todo esto, porque ya lo sabes (yo lo sé). Aunque yo no lo diga (y tú no lo dices), te das cuenta, y piensas lo mismo.


En realidad todo importa (porque todo eres tú).
27 de febrero de 2009

Grises nubes

Consumirse no es fácil. Consiste en gastarse, agotarse, extinguirse lentamente, lo bastante despacio como para que la desaparición sea casi imperceptible en el entorno. A menudo reflexiono sobre ello mientras el último cigarrillo se esfuma entre mis dedos, dejando suave gris sobre mi cabeza y negras cenizas bajo mi mano. Sería menos doloroso pensar en ello si supiera quién es realmente el que se quema poco a poco, si él o yo, o si simplemente nos hacemos compañía en la silenciosa odisea en la que nos encontramos embarcados aquí, en medio de este local mal iluminado lleno de tabaco y almas melancólicas que, como nosotros, buscan el consuelo del blues para superar otro monótono día en sus existencias.
Si miro al techo, los restos de aquellos que se consumen sin pensarlo o sin que les importe se reflejan en las grises nubes que dibujan formas abstractas sobre mí, en torno a mí, impregnándome con su olor, única huella del paso de los cigarrillos ajenos por mi vida y, para qué negarlo, único recuerdo claro de las noches tristes en la mesa más alejada del más antiguo café del barrio.
 
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